Estas ahí contemplando el cadáver putrefacto de esa prostituta,
Y dejas a su suerte a la niña que solloza la ausencia de su madre,
Entras al salón orgulloso del pasado y abandonas el futuro.
Desdichada suerte la que permita que las palabras de los comunes salgan de tu lengua,
Aprendiste bien a justificar al pueblo y a condenar el ciudadano,
Tus problemas no son tuyos, pero son para los demás.
Tu esperanza levanta la cabeza del maestro,
Sus pies reposan sobre tu corazón,
La confianza de los tuyos sostiene tu aliento,
Y todos ellos rectifican las mentiras de tu señor.
jueves, 5 de marzo de 2009
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