domingo, 6 de mayo de 2007

La caida de un sueño desconocido II

Una vez afuera, comprendí que con esta decisión había decidido dejar atrás no solo a mi trabajo sino también a una parte de mi mismo, una parte importante. Así que después de iniciar una serie de divagaciones reflexivas decidí para de pensar y refugiarme en el desorden y en el olvido que se sentía en el piso 22. Mientras caminaba por la calle veía tantas mujeres hermosas, cada una tan misteriosa, que pronto entendí que esta vez mi acostumbrada soledad no sería suficiente para darle un placebo a la represión que sentía mi mente, después de verme reflejado en la mediocridad. Sin embargo, hice caso omiso de las mujeres y de todo pensamiento furtivo, acelere el paso deseando llegar en el menor tiempo posible al piso 22. ¡OH Dios!, por fin estoy aquí pensé que no iba a llegar nunca. Fue lo que dije como un suspiro de descanso cuando entre. Mas mi mirada no podía creer lo que veía mis ojos; el apartamento era distinto, salía verificar el piso, y se trataba del viejo piso 22, entonces decidí revisar mis cosas, todas estaban ahí, pero al mismo tiempo ninguna, porque todas habían cambiado sin ninguna explicación aparente.

Al despertarme esa mañana no podía dejar de pensar en el cambio de mis posesiones, entonces me percaté que en el momento en que había observado al joven guardia algo en mí había cambiado. Trate de recordar en los momentos significativos de mi vida, para encontrar semejanza a la extrañeza que me oprimía, no dure mucho pensando cuando un rayo de una luz pálida toco mis ojos, entonces me vi con unos 13 años, era un concurso de oratoria, no se como había llegado hasta ahí, ni mucho menos como era uno de los participantes, pero si recuerdo la sensación de estar frente a ese auditorio entonces fue cuando sucedió. Mientras mis nervios cedían a la desesperación, el rostro de las personas, los colores, las vestiduras, todo a mí alrededor cambiaba. Desde ese día algo en mí había cambiado para siempre, ahora veía a quienes eran mis amigos y solo podía observar a unos extraños, eso me obligo a empezar de nuevo, nuevos amigos, nuevo deporte, nuevo amor, nueva vida. Una vez regrese de ese trance místico entendí que debía recoger lo poco que reconocía y debía marcharme de este el viejo piso 22; sin más reparos empaque una maleta con algunas ropas, y cruce la puerta para enfrentarme a ese nuevo, apasionante, extraño pero por ahora triste mundo.

Saliendo del viejo edificio me percate de la presencia de un viejo, lo extraño es que siempre había permanecido ahí durante años, pero ahora en realidad podía verlo; era un hombre de aproximadamente unos 75 años, de poco cabello, baja estatura, con una mirada triste y meditabunda, y un aire de sabiduría. No puedo dejar de pensar en cómo pudo permanecer desapercibido a mi alma. Permanecía en la cera de frente con actitud inquisitiva y vigilante, cada vez que alguien pasaba cerca el hombre le arrojaba cortas pero significativas palabras, palabras transformadoras, reflexivas y revolucionarias para su destinatario. Sin embargo, todos los transeúntes pasaban de largo, sin que alguno se percatara de la verdad que cambiaria una vida, que haría una mejor persona, o que evitara una catástrofe. Un poco tímido, pero atraído por el magnetismo de este personaje me acerque para tratar de encontrar la respuesta a una duda que todavía no se había formado en mi mente. Cuando estoy a sólo unos pasos, el hombre me mira con sus oscuros ojos y me ve, parece como si un cuchillo atravesara mi cuerpo en un minucioso estudio forense, entonces dijo: ¿por qué buscas el inicio de un circulo, acaso importa?, No entendí lo que me dijo, pero antes de abrir mi boca, el hombre se me adelanto y me dijo: mi nombre es Picasso como el pintor. Yo solo atine a decir ¿perdón?; si mi nombre es Picasso, ¿acaso no lo ibas a preguntar?, replico el hombre. Debo confesar que estaba anonadado, pero lo qué más me sorprendía era que sus ojos delataban lo poco inesperado del asunto para él, como si siempre hubiera esperado este momento. Mi nombre es… es un placer asevere espero podamos hablar pronto; el hombre soltó una sonrisa y me dijo vete tu camino es corto pero extenuante será mejor que se de prisa. Lo escuché y me marche, nos dimos un apretón de manos firme pero breve y me despedí. Así, con mis maletas me di prisa a buscar un nuevo hogar, un nuevo oficio, y tal vez una nueva vida.

No hay comentarios: