El Engaño
Caminando, agitado, agotado y confundido; la voz del dolor, de lo inevitable, y de la imposibilidad no cesaban una y otra vez en mi pensamiento. No podía soportar la idea de ser engañado, no de esta forma. Uno a uno mis pasos van tomando un compás acelerado y frenético, la fatal decisión ya ha sido tomada, no hay otra forma en la que mi golpeada y marchita dignidad pueda recuperarse un poco.
De la nada mil imágenes empiezan a bombardear el resto de mi razón, no puedo más. Entonces, me siento sobre el frió pavimento, y una a una, las lagrimas acarician mi rostro, mis manos, mi cuerpo, como reminiscencia de las caricias que quise recibir. De pronto esa voz vuelve a aparecer; incesante, irritante… convierte me tristeza en un dolor profundo, siento que atraviesa mi cuerpo desde mi pecho hasta la parte baja de mi abdomen, me incorporo sobre mi despreciado orgullo, y decido continuar a mi inevitable cita.
Ahora no puedo dejar de ver sus ojos, eso hermosos ojos. Debí advertirlo desde el principio, quise hacer las cosas bien, pero todo fue inevitable. Lastimosamente mi inocencia, estupidez, o simplemente mi deseo contenido permitieron que cayera en la trampa. ¡Oh dios¡ esos ojos, me transportan a tantos sueños. Sin embargo, cuando me detengo a pensar en las cosas que habían empezado a nacer en mí, en todas aquellas que me hacían creer una persona diferente, mejor; de la nada viene lo que había visto la noche anterior y ya sin fuerza alguna soy transportado como un ser sin cuerpo hacía su puerta.
Ahora cerca de su casa una luz parece venir hacía mi mente. No sé exactamente cómo, pero empiezan a destaparse voces, imágenes, sentimientos. Entonces, me empiezo a percatar del engaño con más claridad, y finalmente me doy cuenta de lo que, el hasta ahora ausente, sentido común me había ocultado, el engaño había sido tejido desde hace mucho tiempo por mi propio corazón, era la venganza de mi deseo contenido, como protesta a mis absurdas decisiones.
Mientras avanzo hacia la puerta la veo en la sala de su casa, parece que ella no se percata de mi presencia, permanece pensativa, y creo que nunca me había percatado en realidad de su belleza, no la de su carne, sino la de ella, la esa aura que parecía reposar sobre ella, capaz de hacerte llevar fácilmente a la demencia; parece estar especialmente feliz. En mi pensamiento no hay deseo alguno a parte de querer saber la razón de su felicidad. Entonces, me doy cuenta del final del engaño, de mi propia treta, esta cita fatal había sido reservada para mí misma, ahora el objeto de mi cariño, de mi pasión, de mi amor, era la única que podía salvarme.
Me detengo en su puerta, espero un momento, y decido acabar todo de una vez por todo, pero no podía ser en ese lugar, entonces decido contar hasta diez para irme de ese lugar. uno, abre por favor, dos, te necesito, tres, no sé nunca supe ni siquiera que pensabas de mi, cuatro, demuéstrame que puedes sentir todo lo que me ha pasado, cinco, que caso tiene ni siquiera sabes lo que en verdad siento por ti, seis, ahora creo que estaba enamorado de ti desde que te vi, siete, este dolor me esta consumiendo, ocho, por favor abre esa puerta, no me importa si es coincidencia tendría otra oportunidad, nueve, adiós diosa del reinote mi inframundo, diez…
Caminando, agitado, agotado y confundido; la voz del dolor, de lo inevitable, y de la imposibilidad no cesaban una y otra vez en mi pensamiento. No podía soportar la idea de ser engañado, no de esta forma. Uno a uno mis pasos van tomando un compás acelerado y frenético, la fatal decisión ya ha sido tomada, no hay otra forma en la que mi golpeada y marchita dignidad pueda recuperarse un poco.
De la nada mil imágenes empiezan a bombardear el resto de mi razón, no puedo más. Entonces, me siento sobre el frió pavimento, y una a una, las lagrimas acarician mi rostro, mis manos, mi cuerpo, como reminiscencia de las caricias que quise recibir. De pronto esa voz vuelve a aparecer; incesante, irritante… convierte me tristeza en un dolor profundo, siento que atraviesa mi cuerpo desde mi pecho hasta la parte baja de mi abdomen, me incorporo sobre mi despreciado orgullo, y decido continuar a mi inevitable cita.
Ahora no puedo dejar de ver sus ojos, eso hermosos ojos. Debí advertirlo desde el principio, quise hacer las cosas bien, pero todo fue inevitable. Lastimosamente mi inocencia, estupidez, o simplemente mi deseo contenido permitieron que cayera en la trampa. ¡Oh dios¡ esos ojos, me transportan a tantos sueños. Sin embargo, cuando me detengo a pensar en las cosas que habían empezado a nacer en mí, en todas aquellas que me hacían creer una persona diferente, mejor; de la nada viene lo que había visto la noche anterior y ya sin fuerza alguna soy transportado como un ser sin cuerpo hacía su puerta.
Ahora cerca de su casa una luz parece venir hacía mi mente. No sé exactamente cómo, pero empiezan a destaparse voces, imágenes, sentimientos. Entonces, me empiezo a percatar del engaño con más claridad, y finalmente me doy cuenta de lo que, el hasta ahora ausente, sentido común me había ocultado, el engaño había sido tejido desde hace mucho tiempo por mi propio corazón, era la venganza de mi deseo contenido, como protesta a mis absurdas decisiones.
Mientras avanzo hacia la puerta la veo en la sala de su casa, parece que ella no se percata de mi presencia, permanece pensativa, y creo que nunca me había percatado en realidad de su belleza, no la de su carne, sino la de ella, la esa aura que parecía reposar sobre ella, capaz de hacerte llevar fácilmente a la demencia; parece estar especialmente feliz. En mi pensamiento no hay deseo alguno a parte de querer saber la razón de su felicidad. Entonces, me doy cuenta del final del engaño, de mi propia treta, esta cita fatal había sido reservada para mí misma, ahora el objeto de mi cariño, de mi pasión, de mi amor, era la única que podía salvarme.
Me detengo en su puerta, espero un momento, y decido acabar todo de una vez por todo, pero no podía ser en ese lugar, entonces decido contar hasta diez para irme de ese lugar. uno, abre por favor, dos, te necesito, tres, no sé nunca supe ni siquiera que pensabas de mi, cuatro, demuéstrame que puedes sentir todo lo que me ha pasado, cinco, que caso tiene ni siquiera sabes lo que en verdad siento por ti, seis, ahora creo que estaba enamorado de ti desde que te vi, siete, este dolor me esta consumiendo, ocho, por favor abre esa puerta, no me importa si es coincidencia tendría otra oportunidad, nueve, adiós diosa del reinote mi inframundo, diez…
No hay comentarios:
Publicar un comentario